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Reseña (Enero 2010)


Papá Tatuado
Textos: Daniel Nesquens
Ilustraciones: Sergio Mora
Editorial: A Buen Paso
Barcelona, 2009
30 p, il, 22,5 x 31,5 cm.





Erguida ruptura del canon

Acompasado con nuestra vertiginosa posmodernidad, Daniel Nesquens rompe los cánones clásicos. Esos que preocupados por atraer la atención de niños y adolescentes, descuidan el frágil presente en que anidan los incipientes lectores. El español prescinde de remanidas fórmulas como el “Había una vez”, y en cambio, prefiere bucear poéticamente en lo profundo: “Aquella noche llovió con la idea de que todos aprendiésemos a nadar”, dice en sutil introducción a uno de sus cuentos. En el descarte de obviedades queda afuera la figura femenina como vocera excluyente de la narración oral. Con Papá tatuado, segunda obra de la editorial “A Buen Paso”, una nueva literatura ha dejado de gatear.A los méritos del escritor zaragozano, se suman por igual los del ilustrador barcelonés Sergio Mora. Si el primero abreva dúctilmente en los recursos literarios del realismo mágico, el segundo sume al espectador (partícipe activo) en una realidad tangible (nos invita a acariciar cada página) desde la vigorosa estética surrealista.Porque como bien define el crítico Ramón de Jesús, el trabajo del artista plástico “nos remonta al caleidoscopio de ideas que fluyeron de la mente del Bosco, a los negros sueños de Goya, a los carteles de mercadillo amarilleados por el padre tiempo, que se encargó de dorar el ambiente de su recuerdo”.Es que Mora, además de destacarse como ilustrador, se dedica a realizar “cuadros mágicos” por encargo.A los de “Papá Tatuado” sólo les falta el marco para integrar esa particular galería a pedido. Bien vale por ejemplo detenerse en Suerte, el cuento número 6 que a página plena nos muestra una ruta serpenteante que zigzaguea entre las cavidades de una calavera.

Abarrocada de detalles, la composición es un juego de peso visual. Una narración por sí sola, donde el equilibrio es el punto de conflicto entre la posible tragedia y el desenlace feliz.

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Inevitable asociar entonces esa puja de tensiones con El laberinto de André Masson; o con el reposado rostro de Mae West, obra en la que Salvador Dalí convirtió la cara de la heroína de westerns en un salón palaciego. Dos referentes insoslayables de la corriente surrealista.

Así como la nueva obra de arte dialoga indirectamente con huellas precedentes, Daniel Nesquens no descuida la intertextualidad narrativa. Y en cuanto la historia parece acorralar al autor, cuando no encuentra mejor remate que una situación disparatada, hace referencia directa a “El soldadito de plomo” (Hans Christian Andersen) encontrando la trabita perdida de Circo, en las tripas de un pez.El recurso aparece nuevamente en Serpiente, evocando las peripecias de Jonás en el Antiguo Testamento. Según el texto bíblico, el profeta permaneció en el estómago de una ballena. La escena en la cual es arrojado a la playa por el animal ha trascendido en la iconografía religiosa. En “Papá Tatuado” el protagonista vive una situación similar al ser tragado, en este caso, por una anaconda.Entre las múltiples virtudes del libro, vale destacar en primer plano el estilo personalísmo de la dupla.Nesquens, desacralizando el oficio del escritor. Excusando la motivación de su obra desde el inicio. Poniéndose en el lugar de un niño que teniendo el ejemplar en sus manos piensa: “leer sus tatuajes es más divertido que cualquier libro de cuentos”. Engarzando como un experto orfebre cada “capítulo” del relato de aventuras con eslabones de imaginación flexible y de convicciones firmes.Mora, disimulando las uniones entre los once cuentos que integran la obra. Encintando los títulos como si fuesen la leyenda misma de los tatuajes. Ignorando el paginado tradicional pero incluyendo diminutos rombos donde se inserta el número de la historia. Y hasta camuflando creativamente el código de barras en la nuca del padre.Si el estilo es el carácter propio que da a sus obras el artista. Si el estilo es también la varilla que marca las horas en el reloj. En este instante podemos precisar asumidos los riesgos de caer en la exageración, que una nueva literatura se yergue ante nosotros. (Silvia Lauriente: s.l. )
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