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Reseña (Agosto 2011)




La medicina no fue siempre así
Ileana Lotersztain y Martín De Ambrosio
Ilustraciones de Javier Basile
Ediciones Iamiqué
Colección Las cosas no fueron siempre así
Buenos Aires, 2011
Nº de páginas: 40



“Erudición al alcance de los niños”
Por Jimena Néspolo (*)


Dos rasgos singulares convierten a la colección “Las cosas no fueron siempre así” (editorial Iamiqué) en un gran atractivo para los niños lectores –y no tanto–: la mostración de la dimensión temporal de la cultura entendida como toda práctica humana y la presentación sintética de cierto saber “loco” o poco conocido en el ambiente escolar. Que a lo largo de la lectura los textos se revelen como un composé inarticulado de pastillitas con fechas distintas, o que se presenten a sujetos históricos como desopilantes protagonistas de una Historia rocambolesca, lejos de ser un vicio de los volúmenes es -en cambio- el mayor merito que ostentan. Por su parte, el ilustrador y diagramador Javier Basile amalgama estéticamente, con sus viñetas y collages de colores intensos, estas misceláneas textuales que aúnan información y divertimento.
Veamos, por ejemplo, la sección intitulada “La muerte negra” del libro La medicina no fue siempre así, de Ileana Lotersztain y Martín De Ambrosio. Es interesante, primero, observar en detalle la ilustración que ocupa estas dos páginas destinadas a la peste bubónica: con un color de fondo que va del celeste al naranja, logrado a partir de la edición digital que simula el ya artesanal aerógrafo, la imagen central muestra a la Muerte –guadaña incluida– montando un dragón dorado que escupe fuego o, en su defecto, tiritas de papel confeti y que capitaneando una legión de bestezuelas menores (un esqueleto con cuernos, un murciélago que porta jeta de pajarraco, una víbora con fauces de cocodrilo, un corazón humano cubierto de poncho calchaquí, un hígado con pies de enano, una lagartija sin cabeza, etc.) se abalanza sobre infantiloides figuras humanas y un paisaje bárbaro de ciudadela en ruinas. Así, en diálogo con esta imagen chocarrera, la masa textual se organiza en cuatro bloques que ofrecen información puntual sobre aquella enfermedad que nació en Asia y se propagó en el siglo XIV en toda Europa y que “puso a la especie humana al borde de la extinción” ya que en escasos años murieron cerca de veinticinco millones de personas. No obstante, quizá para quitar dramatismo a la historia fáctica o para subrayar aún más el anclaje epocal de todo “saber” humano, a la derecha de este dueto de páginas se consignan claramente los consejos dados por el Colegio de Medicina de París, en 1347, para prevenir la peste negra: 1) Encender el fuego con ramas de laurel. 2) Evitar las comidas húmedas. 3) Permanecer en casa durante la noche, para evitar el rocío. 4) No moverse demasiado. 5) No cocinar con agua de lluvia. 6) No usar aceite de oliva. 7) No bañarse. 8) No enojarse ni emborracharse.
Decir que estos libros hubieran sido el deleite de Borges cae de suyo. Menos trillado, en cambio, es imaginarnos otro lugar y otro tiempo en que el gran tótem intocado de nuestra literatura, entregado con felicidad y audacia al juego de la oca que este volumen trae en sus páginas finales, cayera –sin cálculo– en la cuadrícula 27 que reza: “Quieren operarte para extraerte la piedra de la locura. Te escondes en la Escuela Médica Salernitana.”

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(*) Extracto de la reseña publicada para la revista Boca de Sapo. Revista de arte, literatura y pensamiento (Julio, 2011) y reproducida en EdeLij con el consentimiento de su autora. Invitamos a leer la reseña completa en www.bocadesapo.com.ar
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